lunes, 7 de octubre de 2013

Corazón de Oro contra el Doctor Infierno. ¿Es la bondad un asunto del corazón o de la cabeza?

Dicen que los simples e inocentes (es decir, los más ignorantes) son buenos. Los niños son buenos, dicen, hasta que los estropeamos los mayores y les enseñamos lo que no deben. Los nativos de las culturas más primitivas son buenos y puros, dicen, hasta que llegan los malvados colonizadores y les corrompen. Los hombres rudos y sencillos del campo son buenos, dicen, hasta que la civilización destruye su ancestral modo de vida… Ya lo cuenta el mito de Adán y Eva (y tantos otros): el hombre es bueno hasta que, pretendiendo saber más de la cuenta, rompe el equilibrio ecológico del paraíso y hace aparecer el mal y el pecado en el mundo... Al fin y al cabo, la bondad parece que es asunto del corazón. Y el que empieza a darle demasiada importancia al saber y la inteligencia pierde ese camino al que le conducían, sin pensarlo, sus emociones más puras, y se vuelve soberbio, ambicioso y malvado, como esos diabólicos seres de los cuentos y películas que ponen su inteligencia al servicio del mal…

¿Qué dirías tú? ¿Hay que ser sabio, inteligente, culto y sofisticado para ser bueno, o basta con tener un corazón de oro? ¿Qué hay de verdad (o de mito) en eso de que el niño, o el nativo, o el hombre del campo son, por lo general, bondadosos y nobles?




ACTIVIDADES.


1. ¿Se puede ser bueno sin saber, de forma consciente, crítica y reflexiva, qué es lo bueno?
2. ¿Has oído hablar del "mito del buen salvaje"? ¿Qué opinas al respecto?
3. ¿Saber lo que es bueno para uno mismo tiene relación con conocerse bien a sí mismo?
4. ¿Hay que ser sabio para ser bueno con los demás? ¿O es más bien cuestión de tener buen corazón?
5. ¿Tiene algo que ver el hacer el bien con conocer cómo es el mundo y cómo son los demás? ¿Por qué?
6. ¿Serán las personas con conocimiento e inteligencia más propensas al mal? ¿Y eso?

Si los tontos son más felices... ¿Para qué venir a clase?


“Filosofía” significa en griego “amigo o amante de la sabiduría”. El “filósofo” es el que “ama el saber”, el que “busca la sabiduría”. Ahora bien, ¿nos conviene este amor?, ¿es bueno esto de querer saber?... Algunas filosofías y doctrinas religiosas piensan que el hombre en “estado natural” (como un animal o un niño) es ignorante, bueno y feliz, y que es la educación lo que le corrompe, volviéndolo malo e infeliz. ¿Será esto cierto? ¿Es mejor no saber demasiado? ¿Son más felices los animales, o los niños, o los tontos, que nosotros? ¿No será mejor no venir a clase (o venir, a lo sumo, para aprender algún oficio con que ganarnos la vida y ya está)? Tal vez, las asignaturas más teóricas que dais en el instituto habría que suprimirlas (sobre todo la filosofía, que es la más teórica de todas). Al fin y al cabo, ¿para qué sirven realmente? Para nada. Si queremos ser felices lo mejor es no pensar ni saber demasiado (ser, algo así, como Homer Simpson: cuanto más tonto e inocente, mejor)... ¿O no? Por si las dudas, afilad el lápiz que traeis a clase. Si durante estos días nos convencemos de que es mejor aprender y ser sabio, lo utilizaremos para tomar notas. Pero si de lo que nos convencemos es de que, en efecto, la ignorancia es la llave de la felicidad, utilizaremos ese lápiz para otra cosa bien distinta... ¡Para esto! (Mirad el video)
 
Ahora contesta: ¿qué debemos hacer para ser felices: buscar el conocimiento, como Lisa Simpson, o ser cuanto más ignorantes mejor, como Homer? Y si contestas que es mejor ser como Homer, responde lo siguiente: ¿para qué habría de servir, entonces, venir a clase y educarse?...

viernes, 4 de octubre de 2013

Lo que le dijo a Eva la malvada serpiente...

He aquí una nueva versión (descubierta bajo los cimientos de una casa arrasada por el ejército israelí) del famoso mito del génesis. Para sorpresa de los teólogos es una versión dramatizada. Esta traducido del paradisiés, un lenguaje de gruñidos y silbidos que según se cree se hablaba en el paraíso original...

Eva.- (Se refriega los ojos soñolienta) Bueeeno, pues un día más siendo feliz junto al oso panda y estos leones hambrientos tan graciosos. Adán seguramente habrá ido a retozar por la hierba y a que los buitres le rasquen la barriga...
La serpiente (que baja desde la rama de un árbol).- Buenos días Eva. Te veo muy bien.
Eva.- Natural...Esto es el paraíso, chica. Por cierto, no te habían prohibido acercarte por aquí.
La serpiente.- Sí, en este paraíso abundan las prohibiciones por lo que parece...
Eva.- ¿Por qué lo dices?
Serpiente.- ¡Jo, todo el mundo lo comenta! El Viejo os ha prohibido comer del árbol de la sabiduría...
Eva.- Ah, sí. Ya no me acordaba... Es la ventaja de ser como un niño. Se te olvidan en seguida las rabietas. ¿Y qué más se comenta de nosotros?
Serpiente.- Ja, ja. ¿De verdad quieres saberlo?
Eva.- ¿Eh? Bueno, yo... No debería... Pero ¡qué demonios! Me muero de ganas. Cuéntame antes de que vuelva Adán, que es un histérico con eso de la ley y el orden.
Serpiente.- Pues mira hija, la verdad es que no se dicen cosas muy buenas. Que mucho ser los reyes de la creación, pero que luego no tenéis personalidad ninguna. Que para qué tanto estar hechos a Su imagen y semejanza si no podéis hacer lo que hace Él y comer del árbol que os de la gana...
Eva.- Pero es que está totalmente prohibido comer del árbol del conocimiento.
Serpiente.- Sí, ya sé. Él os dicta lo que está prohibido, sin una sola explicación, y vosotros agacháis la cabeza y obedecéis. ¡Menudos reyes estáis hechos! Os trata como a niños de teta...
Eva.- Eso de saber debe ser muy malo, por eso Papá nos lo prohibe. El sabe lo que nos conviene.
Serpiente.- ¿Y cómo sabes que saber es malo? ¿Lo has probado?
Eva.- No, pero me fío de Él. Tengo fe. ¡Es Dios, tía!
Serpiente.- Claro, y yo el diablo, no te fastidia. ¡Él que va a decir!... (Sibilinamente y en voz baja) ¿Y no te gustaría, Eva querida, saber qué efectos tiene comer del fruto prohibido?
Eva.- Eh... bueno. Aunque no sé si debería...
Serpiente.- Ja, ja, ja (ríe diabólicamente durante un buen rato). Para tener tanta fe quieres saber un montón de cosas hoy, ¿eh?
Eva.- ¡Venga, dilo ya, antes de que me arrepienta!
Serpiente.- (En susurros) El Viejo sabe que si coméis del fruto podréis ser, de verdad, como Él, sabios y poderosos. Y me temo que no le gusta la competencia...
Eva.- ¡Dios mío, no me lo puedo creer!
Serpiente.- ¿Cómo que no? ¡Te crees cosas mucho menos lógicas a lo largo del día gracias a tu famosa fe!
Eva.- (Que se ha quedado muda y pálida unos instantes, mira fijamente a la serpiente y le pregunta casi tartamudeando): ¿De verdad crees que podríamos ser como dioses?
Serpiente.- Ja, ja, ja... Mira, háblalo con Adán y llámame luego. Ya sabes mi móvil: 666...


Intenta ahora responder a estas preguntas...
1. ¿Es común a las religiones culpabilizar el saber? ¿Por qué?
2. ¿Puede un Dios (un padre, un gobernante, un profesor...) permitir que sus criaturas (sus hijos, sus súbditos, sus alumnos...) se le igualen? ¿No nos han hecho a su imagen y semejanza? ¿No quieren acaso lo mejor para nosotros?
3. ¿Por cierto, qué simboliza realmente la serpiente? ¿Un diabólico dragón o demonio? ¿Un príncipe que nos despierta del sueño (de la inconsciencia) de la infancia? ¿Una de esas “malas compañías” (temidas por nuestros padres) que nos “corrompen” al mismo tiempo que nos empujan a crecer? ¿O qué?
4. ¿Por qué crees que cuando nos prohíben algo nos entran tantas ganas de hacerlo?

martes, 1 de octubre de 2013

¿Qué diablos tiene que ver el deporte o el "emprendimiento" con ser un ser humano?


Contaba un viejo filósofo llamado Jámblico que hay tres tipos de personas que van al Estadio olímpico. Los atletas que van a competir. Los comerciantes que van a hacer negocio. Y los simples espectadores. ¿Cuál de estas tres actividades –se preguntaba— representa mayor “dignidad” humana? O, en otros términos: ¿cuál nos “realiza” mejor como humanos? Pensemos en el atleta. Su objetivo es saltar cada vez un poco más, o correr un poco más rápido. Se podría decir que su “vocación” consiste en parecerse a un canguro o a un leopardo más que a un hombre. En cuanto al negociante, su conducta está guiada por el principio de economía: lograr el máximo beneficio material al menor coste posible, exactamente igual que un animal (que solo hace aquello que le reporta beneficios tangibles). 

Tan solo el espectador, decía el filósofo, hace algo específicamente humano: contemplar el mundo, aunque no obtenga ningún beneficio contable de ello. El hombre es el único animal capaz de pasar las noches contemplando las estrellas, aunque no tenga ningún interés en comérselas, por pura admiración y afán de entender lo que ve. Esta actividad contemplativa o teórica es, justamente, lo que caracteriza a la filosofía. Así, la moraleja del cuento es que la filosofía es la actividad que propiamente nos humaniza. Y sin embargo, casi nadie se acuerda de ella cuando se habla de educación. Y sí, desde luego, del deporte o de la habilidad para los negocios. ¿No es esto un inmenso error? ¿O el error está en la obsesión por pensar, o en dedicarse a cosas "inútiles"? Vale. ¿Pero qué es realmente lo útil?... ¿Seguimos pensándolo? (¿O mejor ver un partido, o repasar las cotizaciones bursátiles?)



lunes, 30 de septiembre de 2013

Filosofía para cavernícolas en Radio Nacional

La periodista y cavernícola Amaya Prieto nos hizo el pasado sábado una deliciosa entrevista para el programa Viaje al centro de la noche, de Radio Nacional. No os la perdáis. Es la primera media hora del programa que tenéis aquí enlazado. Darle desde aquí las gracias a ella y a todo su equipo, incluyendo a los miembros de la redacción en Mérida (especialmente a Nono Blázquez), por apostar por un programa sobre filosofía, que recomiendo escuchéis entero. Fue un placer conversar a la tibia luz de las palabras en esa parecida penumbra que son la caverna y la radio...



miércoles, 25 de septiembre de 2013

El cuento del Amor.




Decía Oscar Wilde que “cuando los dioses quieren castigar a los hombres, les conceden lo que desean”. Siempre deseamos lo que no tenemos… Y cuando lo tenemos, ¡qué decepción!... Volvemos a desear otra cosa, ir aún más lejos, siempre, infinitamente, porque, como lloraba Luis Cernuda, el deseo es “una hoja cuya rama no existe (…), una pregunta cuya respuesta nadie sabe”. Somos el animal insatisfecho, siempre queremos más, porque estamos hechos de barro, pero también de esa sutil materia de los sueños. “Neti, neti”, decían los sabios brahamanes a cada respuesta o acción de sus discípulos, “no es eso, no es eso”. Nunca es exactamente eso lo que de verdad buscamos…

¿Qué nos hace tan disconformes? Sea lo que sea, es eso lo que nos mueve, lo que nos empuja a crecer. El movimiento es el modo que tenemos de ser los que aún no somos todo lo que realmente hemos de ser. ¿A qué este anhelo de ser más, de ser otro mejor, de buscar lo que nos falta, de comernos el mundo?

Buscar la perfección es saber que nos falta. Eso es fácil (basta mirarse al espejo de la conciencia un par de segundos), pero también es imposible: ¿como nosotros, barro inmundo, burbuja tan frágil, vamos a tener idea de esa perfección que nos falta y buscamos desde nuestro mismo improbable principio?...

Cuando una pregunta no tiene respuesta (o un deseo no tiene cura) lo mejor, siempre, es contar un cuento. Como este.

Cuenta el filósofo Platón que en un banquete de cuento, que celebraron unos nobles amigos en honor de uno de ellos (el más cuentista, pues era poeta), decidieron invertir la gracia y la luz del vino trasegado en hablar del amor. Y cuando fue el turno de Sócrates, éste contó lo que una sabia mujer, Diotima, le contó una vez acerca de lo que contaban del nacimiento de Eros, el dios del Amor. Cuenta este cuento de cuentos, que en un olímpico banquete, en que los dioses celebraban el nacimiento de Afrodita, diosa de la belleza (esa brillante faz con que espejean, aquí abajo, los celestes sueños), salió a tomar el eter, borracho de nectar, Poros, el dios de los recursos, y encontrose allí, en los jardines del palacio de Zeus, a la pobre Penia, diosa de la carestía que, olvidada por todos, vagabundeaba entre los restos del divino festín. Y he aquí que Penia, pobre pero no tonta, se aprovechó de la inconsciencia de Poros y solazándose con él concibió ese día un hijo, al que, por su naturaleza, pusieron de nombre Eros o Amor.

Esto es amor, dice Platón. El hijo de lo Mucho y de lo Poco, de la borrachera del Dios que Todo lo consigue y la inteligencia de la Diosa que Nada tiene, de lo Perfecto olvidado de sí mismo y de la Imperfección consciente de sí. Este hijo, el Amor, heredó por su divino origen, el sueño de lo Uno y lo Completo, y, por parte de madre, la triste rémora de lo Partido y lo Cojo. Y desde entonces hecho cuerpo renquea y brinca por la Tierra atento a cada bella (y afrodisíaca) llamada del Cielo. Este Amor, en la forma de la flecha que nos excita y tensa por dentro, es el Alma que a los hombres nos habita, animándonos a hacer Uno lo que dolorosamente nos parece Dos, apuntando con bizco y tembloroso esfuerzo de arquero a lo que paternalmente nos llama, desde la caverna o valle que vacío habitamos a la vertical llanura de los sueños. Y eso, desde que Platón lo dijo, con luminosa y parecida borrachera a la del dios padre, y la inteligente mentira de las palabras con que su madre lo sedujo, eso es el Amor. Eso somos tú y yo.Y, por eso, ni tu ni yo. Quién lo pensó, lo sabe.     


martes, 17 de septiembre de 2013

Bienvenidos a la Caverna (Temporada 2013/2014)




Cuenta un viejo sabio (al que los griegos llamaban Platón) que los hombres somos como prisioneros en una oscura caverna. En ella vivimos atados de tal modo que sólo podemos mirar hacia la pared del fondo, en la que aparecen imágenes con voz y movimiento. Es como si, desde siempre viviéramos en un cine (o ante un televisor) y solo pudiéramos ver una pantalla en la que constantemente se proyectaran imágenes. O, peor aún, es como si desde pequeños pasáramos el tiempo en aulas como esta, encapsulados en pupitres de forma que solo pudiéramos mirar la pizarra en la que el profesor de turno dibujara y escribiera sin parar… Resultado: creemos que el mundo no es otra cosa que lo que aparece en esa pared (o pantalla, o pizarra)…



Así vivimos todos los humanos -dice Platón- antes de empezar a filosofar: creyendo que el mundo es lo que vemos y lo que oímos que nos dicen desde pequeños… 



¿Pero es así de verdad? Llega un día en que uno se despierta de esa somnolencia que da la penumbra (y el aburrimiento) de la caverna (la tele, el aula…) y comienza a hacerse ciertas preguntas, a discutir lo que le dicen, a no creerse ni hacer las cosas sin más, “porque sí”, o “porque lo digo yo”…
 ¿Por qué van a ser las cosas como tú dices? –le decimos entonces al cavernícola jefe— . ¿Por qué es el mundo como es (tan raro y contradictorio a veces)? –nos preguntamos a nosotros mismos— ¿Es realmente así?... ¿No podría ser más justo, la gente más buena, la vida más bella y feliz?... ¿Cómo?... ¿Y yo, qué pinto aquí yo, cómo he venido a parar a esta caverna? ¿Obedezco y hago lo que me dicen, o mejor me atrevo a hacer lo que yo quiera? ¿Pero qué es lo que quiero realmente?...  

Estas y otras mil preguntas invaden al cavernícola que, un día, decide apartar la vista de la pantalla o la pizarra y pensar por su cuenta. Y esto, preguntarnos y pensar por nuestra cuenta, es lo que haremos aquí. La filosofía es…esa manía que nos entra a algunos de querer saber y vivir por nosotros mismos, bajo nuestra responsabilidad, abriendo bien los ojos y pensando y haciendo solo lo que nosotros consideramos verdadero y justo…
 

Eso sí, como pensar por nuestra cuenta no es tarea fácil (a uno le llegan a volver loco las dudas), no es mala cosa que compartamos los pensamientos con otros con la misma inquietud que nosotros. Y eso, dialogar, pensar juntos, es también lo que más haremos aquí.  



¡Así que bienvenidos todos, alumnos, amigos y compañeros de viaje! Comenzamos un nuevo curso, en el que a base de preguntas y respuestas volveremos a poner patas arriba esta caverna. Si os animáis, acercaos a la luz del fuego (que es el único sol que tenemos los pobres cavernícolas) y empecemos a conversar…

Para inspiraros, podéis ir leyendo la programación del curso –la tenéis enlazada en el primer pasadizo, arriba a la izquierda—, o echarle un vistazo a la película “El mundo de Sofía”…


¡Pero, ojo, no vaya a ser también este blog (y este curso) una engañosa…caverna!