Los viejos filósofos pitagóricos (los primeros que emplearon la palabra "filosofía", allá por el siglo VI a.C.) ejemplificaban con una fábula el papel que, según ellos, tenía la filosofía. Se preguntaban cuál de los tres tipos de persona que van al estadio olímpico (los atletas, los comerciantes que van a vender, y los espectadores) realizaba allí una actividad más propia y digna de un ser humano. Los atletas no -- decían -- pues la actividad que los define (correr, saltar, luchar...) es también propia de los animales. En cuanto a los comerciantes decían que, dado que estos se guiaban por la ley más común de la naturaleza (la de obtener el máximo beneficio al menor costo posible), su actividad tampoco era propia y digna de un ser humano. Solo los espectadores -- concluía la fábula -- hacían algo propio y digno del ser humano, algo que los animales no son capaces de hacer: mirar desinteresadamente el espectáculo. De hecho "mirar" en griego se dice "theorein", palabra que tiene la misma raíz que las palabras "teatro" y "teoría". La fábula no parece tener en cuenta la dimensión estética del deporte, o el ingenio y los elementos éticos que supone a veces el comercio humano, pero sí que destaca lo que tantos pensadores han repetido a lo largo de los siglos: que el ser humano es el único animal capaz de pasarse el tiempo contemplando el mundo, no por nada concreto, ni por obtener algún beneficio material, sino por puro amor al conocimiento (aunque no faltaría quien añadiese que, más que por puro deseo, contemplamos el mundo por la necesidad de saber dónde estamos y qué diablos hemos de hacer aquí). Y esta actividad contemplativa o teórica es la que, justamente, caracterizaría a la filosofía.
Así, la moraleja del cuento es que la filosofía es la actividad más propia y digna de un humano y, por tanto, la que más desarrolla o realiza su humanidad. Y sin embargo, casi nadie se acuerda de ella cuando se habla de educación. Y sí, desde luego, del deporte o de la habilidad para los negocios. ¿No es esto extraño? ¿O el error está en dedicarse a pensar en lugar de hacer cosas útiles? Ahora bien: ¿qué es realmente lo útil? ¿Seguimos pensándolo? (¿O mejor ver un partido de fútbol, o repasar las cotizaciones bursátiles?)


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