sábado, 5 de septiembre de 2026

1. La primera clase de filosofía

 

Todos los años me pregunto por qué quiero yo dar un curso de filosofía. Y también me pregunto por qué habéis de quererlo vosotros (si la filosofía fuera solo una cuestión mía o de unos pocos, como la astronomía o el rugby, no sería cosa de mucho valor, ¿no?).

Pensad un momento y decidme por qué acudís al instituto, o a cualquier otro lugar que os guste más (es decir, cualquiera). ¿Por qué preferís vivir como vivís, dejándoos llevar o decidiendo hacer esto o aquello? O, sencillamente: ¿por qué vivís, para qué?.. Me apuesto mi sueldo de todo el curso a que la respuesta es esta: todo lo que hacéis (o dejáis de hacer) es... por algo que tenéis en la cabeza, es decir: por eso que llamamos... "ideas". Seamos o no conscientes de ellas, sean nuestras o de otros, sean buenas o malas, tenemos la cabeza llena de ideas, y todo lo que hacemos, percibimos, sentimos, deseamos y pensamos (sobre el mundo, sobre nosotros mismos, sobre los demás...), todo-todo depende de esas ideas... 


Pues bien, la filosofía no es más que el deseo de hacerte consciente y dueño de tus propias
 ideas y, por tanto, de tu propia vida. Aquel que es consciente de las ideas que le mueven puede criticarlas y mejorarlas (y, así, mejorar también su vida). 

¿Y esto de hacerse uno consciente de las ideas como se hace? Fácil (¿fácil?): a través de la reflexión. ¿De la qué? La reflexión es algo así como obtener un "reflejo" de las ideas que tenemos en la cabeza; como ponerlas "frente a un espejo". Es pensar en lo que pensamos. 

La reflexión se hace de dos formas: el monólogo (me "flexiono" y me pienso hacia dentro), y el diálogo (que es el arte de de hacerme flexible para con las ideas de los demás, de ponerme en su lugar para comprender y asimilar esas ideas y así no ser un... "idiota").

Fotografía de Chema Madoz

El idiota es el que cree que sus ideas son "las ideas" (es decir, el que se cree sabio). Pero esto suele ser falso. Ni nuestras ideas son nuestras (casi siempre las hemos aprendido de otros), ni son más que verdades a medias (y eso en el mejor de los casos). Para que sean mejores (y nosotros con ellas) conviene verlas y buscarlas como piezas de un puzle que solo podemos completar con las ideas de los otros, esas a las que nos asomamos a través del diálogo. Tal vez  completando ese puzle podamos acercarnos a esa quimera que es la verdad...  


Dejar de ser un idiota (ese es uno de los objetivos de la filosofía) tiene que ver, pues, con buscarnos en el espejo y el eco de los demás. Los demás, los otros, son... las ideas que no tenemos. Por eso es tan importante el diálogo, la comunicación, el amor... Es decir, el deseo de comprender a los demás (de comprender sus ideas) y de compartir con ellos nuestros pensamientos. Comprender (escuchar, leer...) a los demás, y comunicarnos con ellos (hablar, escribir...), es como abrazarlos en esa parte suya que no se ve ni se toca, en la más íntima, allí donde están de verdad y de donde proviene toda su vida, en la parte de... sus ideas. 


¿Y a quién preferimos amar, al que más ideas tiene para comprender o al que menos? Parece obvio que al primero (¿Para qué amar a alguien que sea tan tonto o más que nosotros?) ... ¡Y eso vamos a hacer aquí! Tener amores con los filósofos y filósofas, con esos que más se han aventurado en la jungla de las ideas y más pueden darnos a comprender.   



Porque, en el fondo, las ideas de esos filósofos son... nosotros, nuestra misma raíz. Conocer el pensamiento filosófico es conocer la forma con que hemos llegado a ver, sentir, desear y pensar tal como lo hacemos hoy. Y también abrirse a la posibilidad de cambiarla y, de esa manera, cambiar también el mundo... 


Bienvenidos de nuevo a este curso de amor y filosofía (si es que no son lo mismo).





Entrevistas iniciales "qué es para ti la filosofía" en 2B, 2D y 2F





martes, 31 de mayo de 2016

¿Qué es la moral?


Porque el mundo nos parece, a veces, algo misterioso o absurdo, algo sin por qué ni para qué, nos preguntamos por lo que sea, en el fondo, LA REALIDAD. Porque nuestro mundo interior nos parece, también, algo enigmático y buscamos el sentido de la vida, nos preguntamos por el SER HUMANO. Porque tenemos la experiencia cotidiana del error y la falsedad, es por lo que nos preguntamos por la VERDAD. Y porque tanto el mundo como nosotros no siempre somos todo lo eficaces, felices, justos o perfectos que quisiéramos es por lo que nos preguntamos acerca de cómo vivir y convivir para ser mejores, es decir, nos preguntamos por lo BUENO y lo JUSTO. 

Qué sea, esencialmente, lo bueno y lo justo es el tema de la moral y la ética filosóficas. Es un tema que nos incumbe a todos, pues todos los seres humanos tenemos que decidir, constantemente, qué hacemos con nuestra vida. Los seres humanos somos seres abiertos; no nacemos con un programa de conducta cerrado; a cada momento tenemos que decidir qué es lo que vamos a ser. 


Dibujo de Saul Steinberg

Como no estamos locos, aquello que decidimos hacer será, siempre, lo que creemos que es más bueno para nosotros. Ahora bien, ¿qué es lo que de verdad es bueno para nosotros? Esta es la principal pregunta moral. 

Pero esta pregunta no nos la puede resolver el código genético, ni tampoco el código legal. Ni el instinto, ni las normas culturales son suficientes para determinar nuestra conducta. El instinto nos puede decir: "come, reprodúcete, defiéndete...", pero tu puedes elegir hacer huelga de hambre, o no tener hijos, o poner la otra mejilla al agresor... De otro lado, las normas y las leyes pueden establecer ciertas conductas: "no robar, obedecer a los mayores...", pero tú puedes elegir robar o desobedecer a cualquier otro que no seas tú mismo. 



Ni la naturaleza ni la cultura bastan. El ser humano tiene una mente demasiado inquieta. No puede dejar de hacerse preguntas, de cuestionar la validez de sus impulsos o de las normas que se le imponen, puede rebelarse, plantear alternativas, soñar y buscar constantemente algo mejor... En una palabra: el ser humano posee una dimensión moral



La palabra moral significa muchas cosas. Pero, sobre todo, significa estas dos: 

(a) La capacidad de los seres humanos para decidir libremente lo que les parece bueno para su vida y para actuar en consecuencia. En este sentido, la moral es una dimensión o competencia humana. 

(b) El conjunto de valores, principios y normas por las que un individuo o grupo establece lo que es aceptable o bueno, y lo que no lo es, y, por tanto, lo que se debe hacer y no hacer en determinado contexto cultural. En este sentido, la moral es un código de valores (con frases del tipo: "X es bueno") y de normas (con frases del tipo: "Debes hacer Y") que puede ser individual o colectivo (por ejemplo, el código moral de los cristianos, de los hippies, de la mafia, etc.), general o específico (por ejemplo, el código moral de los médicos, de los profesores, etc.).