jueves, 1 de octubre de 2026

4. ¿Es mejor ser un deportista o un emprendedor que un filósofo?


Los viejos filósofos pitagóricos (los primeros que emplearon la palabra "filosofía", allá por el siglo VI a.C.) ejemplificaban con una fábula el papel que, según ellos, tenía la filosofía. Se preguntaban cuál de los tres tipos de persona que van al estadio olímpico (los atletas, los comerciantes que van a vender, y los espectadores) realizaba allí una actividad más propia y digna de un ser humano. Los atletas no -- decían -- pues la actividad que los define (correr, saltar, luchar...) es también propia de los animales. En cuanto a los comerciantes decían que, dado que estos se guiaban por la ley más común de la natura
leza (la de obtener el máximo beneficio al menor costo posible), su actividad tampoco era propia y digna de un ser humano. Solo los espectadores -- concluía la fábula -- hacían algo propio y digno del ser humano, algo que los animales no son capaces de hacer: mirar desinteresadamente el espectáculo. De hecho "mirar" en griego se dice "theorein", palabra que tiene la misma raíz que las palabras "teatro" y "teoría". La fábula no parece tener en cuenta la dimensión estética del deporte, o el ingenio y los elementos éticos que supone a veces el comercio humano, pero sí que destaca lo que tantos pensadores han repetido a lo largo de los siglos: que el ser humano es el único animal capaz de pasarse el tiempo contemplando el mundo, no por nada concreto, ni por obtener algún beneficio material, sino por puro amor al conocimiento (aunque no faltaría quien añadiese que, más que por puro deseo, contemplamos el mundo por la necesidad de saber dónde estamos y qué diablos hemos de hacer aquí). Y esta actividad contemplativa o teórica es la que, justamente, caracterizaría a la filosofía.



Así, la moraleja del cuento es que la filosofía es la actividad más propia y digna de un humano y, por tanto, la que más desarrolla o realiza su humanidad. Y sin embargo, casi nadie se acuerda de ella cuando se habla de educación. Y sí, desde luego, del deporte o de la habilidad para los negocios. ¿No es esto extraño? ¿O el error está en dedicarse a pensar en lugar de hacer cosas útiles? Ahora bien: ¿qué es realmente lo útil? ¿Seguimos pensándolo? (¿O mejor ver un partido de fútbol, o repasar las cotizaciones bursátiles?)








lunes, 28 de septiembre de 2026

3. La píldora de la felicidad

 



Hay muchos motivos para justificar que merezca la pena aventurarse a pensar, y muchos tópicos alrededor del prejuicio que vincula ignorancia y felicidad (¿realmente son tan felices los niños, o tan virtuosa o buena la gente sin mucha educación?), pero quiero, sobre todo, que hagamos este pequeño experimento mental. 

Imaginaos que soy el distribuidor de un nuevo medicamento (aún por legalizar, por lo que habría que llamarlo más bien droga) realmente alucinante, al que llamaré de momento "felicitina". Esta milagrosa sustancia se introduce en el cerebro de quien la toma, descubre allí lo que realmente le hace feliz y produce a continuación una alucinación en la que sucede todo lo que desea. Esta alucinación es perfecta, indistinguible de la vida real, como uno de esos sueños maravillosos de los que nos cuesta trabajo despertar. La píldora no produce efectos secundarios nocivos y es completamente gratuita. Vuestro cuerpo permanecería sano y cuidado en una cámara de congelación. Y para vuestros padres y amigos crearíamos un clon idéntico a vosotros para que no os echaran de menos. 

Podéis probar con una primera dosis, cuyos efectos duran 24 horas. La segunda dosis tiene efectos para toda la vida. Y lo mejor: una vez que toméis la segunda dosis: ¡no vais a acordaros jamás de que habéis tomado la píldora y de que vuestra vida de ensueño no es más que una alucinación!... Pues bien (suponed que estáis completamente seguros de que la pastilla funciona y de que es verdad todo lo que os he dicho). Para tranquilidad vuestra se os aseguraría que el cuerpo se mantendría sano y cuidado en una cámara de congelación, y que para que vuestras familias no os echaran de menos un clon idéntico a vosotros (o la opción de tomar la misma droga y tener una alucinación en la que estuvierais vosotros).  

¿LA TOMARÍAIS O NO? (Y POR QUÉ)...
Para convenceros del todo podéis escuchar este programa de radio

¡¡¡¡Los diez primeros compradores recibirán de de regalo un lote de películas!!!!*
* Las películas son: "Un mundo feliz" y "Matrix". Esta promoción está sujeta a que se consuma primero la píldora y solo se hará realidad en el mundo virtual. 


2. Si los tontos son más felices... ¿Para qué venir a clase?


“Filosofía” significa en griego “amigo o amante de la sabiduría”. El “filósofo” es el que “ama el saber”, el que “busca la sabiduría” o, como dijimos el último día, el que busca conocer las ideas...  Ahora bien, ¿nos conviene este amor?, ¿es bueno esto de querer saber tanto?... Siempre hemos escuchado que querer saber demasiado no es bueno. De hecho, mucha gente manifiesta no querer pensar demasiado, sobre todo en su tiempo de ocio, en el que prefiere entretenimientos que no den mucho que cavilar o incluso irse de fiesta y perder un poquillo la consciencia... Es también una creencia popular la de que los niños -- por ser más inocentes y saber menos -- son más felices. Y la de que es mejor tener buen corazón que ser muy inteligente (los villanos de las pelis son, a menudo, muy inteligentes, incluso sabios más o menos enloquecidos)... A esta visión negativa del saber, sobre todo del saber teórico sin utilidad aparente, se le conoce como "anti-intelectualismo" y aunque es frecuente en la actualidad, en el fondo es muy antigua. En muchos mitos antiguos los dioses castigaban severamente al curioso, al que se pasaba de "listo". En una de la fábulas que se cuenta en el Génesis bíblico, Adán y Eva cometen el mayor de los pecados por desobedecer a Dios y probar el fruto del árbol del conocimiento. ¿No será, entonces, el conocimiento una maldición para nosotros? Hasta filósofos ha habido para los que el ser humano solo puede ser plenamente feliz renunciando al exceso de saber y de "cultura", y entregándose a esa pura vitalidad y virtud que acompaña al "buen salvaje"...
¿Será todo esto cierto? ¿No será entonces mejor no venir a clase (o venir, a lo sumo, para aprender algún oficio con que ganarnos la vida y ya está)? Tal vez, las asignaturas más teóricas que dais en el instituto habría que suprimirlas (sobre todo la filosofía, que es la más teórica de todas). Al fin y al cabo, todos queremos ser felices. ¿Y no será entonces lo mejor no pensar ni saber demasiado y ser como Homer Simpson, cuanto más tonto mejor?

Por si las dudas, afilad el lápiz que traeis a clase. Si durante estos días nos convencemos de que es mejor aprender y ser sabio, lo utilizaremos para tomar notas. Pero si de lo que nos convencemos es de que, en efecto, la ignorancia es la llave de la felicidad, utilizaremos ese lápiz para otra cosa bien distinta... ¡Para esto! (Mirad el video)

Ahora contesta: ¿qué debemos hacer para ser felices: buscar el conocimiento o ser cuanto más ignorantes mejor, como Homer? 

sábado, 5 de septiembre de 2026

1. La primera clase de filosofía

 

Todos los años me pregunto por qué quiero yo dar un curso de filosofía. Y también me pregunto por qué habéis de quererlo vosotros (si la filosofía fuera solo una cuestión mía o de unos pocos, como la astronomía o el rugby, no sería cosa de mucho valor, ¿no?).

Pensad un momento y decidme por qué acudís al instituto, o a cualquier otro lugar que os guste más (es decir, cualquiera). ¿Por qué preferís vivir como vivís, dejándoos llevar o decidiendo hacer esto o aquello? O, sencillamente: ¿por qué vivís, para qué?.. Me apuesto mi sueldo de todo el curso a que la respuesta es esta: todo lo que hacéis (o dejáis de hacer) es... por algo que tenéis en la cabeza, es decir: por eso que llamamos... "ideas". Seamos o no conscientes de ellas, sean nuestras o de otros, sean buenas o malas, tenemos la cabeza llena de ideas, y todo lo que hacemos, percibimos, sentimos, deseamos y pensamos (sobre el mundo, sobre nosotros mismos, sobre los demás...), todo-todo depende de esas ideas... 


Pues bien, la filosofía no es más que el deseo de hacerte consciente y dueño de tus propias
 ideas y, por tanto, de tu propia vida. Aquel que es consciente de las ideas que le mueven puede criticarlas y mejorarlas (y, así, mejorar también su vida). 

¿Y esto de hacerse uno consciente de las ideas como se hace? Fácil (¿fácil?): a través de la reflexión. ¿De la qué? La reflexión es algo así como obtener un "reflejo" de las ideas que tenemos en la cabeza; como ponerlas "frente a un espejo". Es pensar en lo que pensamos. 

La reflexión se hace de dos formas: el monólogo (me "flexiono" y me pienso hacia dentro), y el diálogo (que es el arte de de hacerme flexible para con las ideas de los demás, de ponerme en su lugar para comprender y asimilar esas ideas y así no ser un... "idiota").

Fotografía de Chema Madoz

El idiota es el que cree que sus ideas son "las ideas" (es decir, el que se cree sabio). Pero esto suele ser falso. Ni nuestras ideas son nuestras (casi siempre las hemos aprendido de otros), ni son más que verdades a medias (y eso en el mejor de los casos). Para que sean mejores (y nosotros con ellas) conviene verlas y buscarlas como piezas de un puzle que solo podemos completar con las ideas de los otros, esas a las que nos asomamos a través del diálogo. Tal vez  completando ese puzle podamos acercarnos a esa quimera que es la verdad...  


Dejar de ser un idiota (ese es uno de los objetivos de la filosofía) tiene que ver, pues, con buscarnos en el espejo y el eco de los demás. Los demás, los otros, son... las ideas que no tenemos. Por eso es tan importante el diálogo, la comunicación, el amor... Es decir, el deseo de comprender a los demás (de comprender sus ideas) y de compartir con ellos nuestros pensamientos. Comprender (escuchar, leer...) a los demás, y comunicarnos con ellos (hablar, escribir...), es como abrazarlos en esa parte suya que no se ve ni se toca, en la más íntima, allí donde están de verdad y de donde proviene toda su vida, en la parte de... sus ideas. 


¿Y a quién preferimos amar, al que más ideas tiene para comprender o al que menos? Parece obvio que al primero (¿Para qué amar a alguien que sea tan tonto o más que nosotros?) ... ¡Y eso vamos a hacer aquí! Tener amores con los filósofos y filósofas, con esos que más se han aventurado en la jungla de las ideas y más pueden darnos a comprender.   



Porque, en el fondo, las ideas de esos filósofos son... nosotros, nuestra misma raíz. Conocer el pensamiento filosófico es conocer la forma con que hemos llegado a ver, sentir, desear y pensar tal como lo hacemos hoy. Y también abrirse a la posibilidad de cambiarlo todo... 


Bienvenidos de nuevo a este curso de amor y filosofía (si es que no son lo mismo).





Entrevistas iniciales "qué es para ti la filosofía" en 2B, 2D y 2F