Cuenta un viejo sabio (al que los griegos llamaban Platón) que los hombres somos como prisioneros en una oscura caverna. En ella vivimos atados de tal modo que sólo podemos mirar hacia la pared del fondo, en la que aparecen imágenes con voz y movimiento. Es como si desde siempre viviéramos en un cine (o ante un televisor) y solo pudiéramos ver una pantalla en la que constantemente se proyectaran imágenes.
O peor aún, es como si desde pequeños pasáramos el tiempo en aulas como esta, encapsulados en pupitres de forma que solo pudiéramos mirar la pizarra en la que el profesor de turno dibujara y escribiera sin parar… Resultado: creemos que el mundo no es otra cosa que lo que se ve y oye en esa pared (o pantalla, o pizarra)…
¿Pero es así de verdad? Llega un día en que uno se despierta de esa somnolencia que da la penumbra (y el aburrimiento) de la caverna (la tele, el aula…) y comienza a hacerse ciertas preguntas, a discutir lo que le dicen, a no creerse ni hacer las cosas sin más, “porque sí”, o “porque lo dice fulanito”…
Empezamos entonces a
descubrir que el mundo que vemos y oímos es raro y contradictorio, injusto, feo
(normalmente, empezamos a filosofar cuando nos pasan cosas malas, o cuando nos
despabilan aquellos que la gente conoce como "malas compañías"). Y
empiezan las preguntas: ¿es la realidad lo que parece? ¿Qué pinto yo aquí?
¿Cómo sé que sé lo que creo saber? ¿No podría ser el mundo más justo, la gente
más buena y la vida más bella? ¿Me limito a obedecer, o me atrevo a hacer lo
que yo quiera? ¿Pero qué es lo que quiero realmente?...
Estas y otras mil
preguntas invaden al cavernícola que, un día, decide apartar la vista de la
pantalla o la pizarra y pensar por su cuenta. Y eso, preguntarnos y pensar por
nuestra cuenta, es también lo que queremos hacer aquí: ser unos cavernícolas
lúcidos, conscientes, libres y, así, empezar, tal vez, a salir de esa caverna
en la que tal vez estamos...
La filosofía es, en fin,
esa manía que nos entra a algunos de querer saber y vivir por nosotros mismos,
bajo nuestra responsabilidad, como si dirigiéramos nuestra propia película,
abriendo bien los ojos y pensando y haciendo lo que nosotros consideramos verdadero,
justo y bello…
Y aquí nueve películas relacionadas con el mito de la caverna







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