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viernes, 19 de septiembre de 2014

¿Es mejor ser un deportista, un emprendedor... o un "filósofo"?


Contaba un viejo filósofo llamado Jámblico que hay tres tipos de personas que van al Estadio olímpico. Los atletas que van a competir. Los comerciantes que van a hacer negocio. Y los simples espectadores. ¿Cuál de estas tres actividades –se preguntaba— representa mayor “dignidad” humana? O, en otros términos: ¿cuál nos “realiza” mejor como humanos? Pensemos en el atleta. Su objetivo es saltar cada vez un poco más, o correr un poco más rápido. Se podría decir que su “vocación” consiste en parecerse a un canguro o a un leopardo más que a un hombre. En cuanto al negociante, su conducta está guiada por el principio de economía: lograr el máximo beneficio material al menor coste posible, exactamente igual que un animal (que solo hace aquello que le reporta beneficios tangibles). 

Tan solo el espectador, decía el filósofo, hace algo específicamente humano: contemplar el mundo, aunque no obtenga ningún beneficio contable de ello. El hombre es el único animal capaz de pasar las noches contemplando las estrellas, aunque no tenga ningún interés práctico en ellas, por pura admiración y afán de entender lo que ve. Y esta actividad puramente contemplativa o teórica es, justamente, lo que caracteriza a la filosofía. 

Así, la moraleja del cuento es que la filosofía es la actividad más específica del ser humano y, por tanto, la que más desarrolla o realiza nuestra humanidad. Y sin embargo, casi nadie se acuerda de ella cuando se habla de educación. Y sí, desde luego, del deporte o de la habilidad para los negocios. ¿No es esto un inmenso error? ¿O el error está en dedicarse a pensar en lugar de hacer cosas útiles? Ahora bien: ¿qué es realmente lo útil? ¿Seguimos pensándolo? (¿O mejor ver un partido de fútbol, o repasar las cotizaciones bursátiles?)




viernes, 30 de mayo de 2014

Los valores en la publicidad.

En el fondo es muy fácil decir de qué tratan la moral y la ética. Tratan de lo valioso o bueno. ¿Qué es valioso? ¿Qué vale hacer? ¿Que es bueno? ¿Que es bueno que hagamos? Las cosas, sucesos, ideas, acciones... pueden ser calificadas de valiosas, buenas, importantes. Las cosas pueden ser valiosas en función de otra cosa más valiosa aún (por ejemplo, el dinero es valioso porque así conseguimos alimentarnos, vivir cómodamente, etc.), y en ese caso tienen un valor "relativo". O pueden ser valiosas por sí mismas, en cuyo caso les llamamos valores "absolutos" (por ejemplo, para algunos el valor absoluto es el placer, o la felicidad, para otros el poder, para otros el conocimiento, etc.). Los valores, sean relativos o absolutos, son el elemento fundamental de la moral (los "códigos morales") de las personas. 
Pues bien. ¿Qué valores creéis que están vigentes en nuestra cultura y época? ¿Qué considera la gente como valioso en general?... Una forma de intentar responder a esta pregunta es analizando un fenómeno típico de nuestro tiempo: la publicidad. ¿Por qué? Muy sencillo, la estrategia publicitaria consiste siempre en lo mismo: en asociar el consumo de un producto con algo que la gente considera valioso (por ejemplo, usar tal o cual perfume con el éxito sexual, o tal o cual modelo de coche con el prestigio y el poder, o tal o cual marca de refresco con la aventura o la belleza juvenil, etc.). Si el consumidor asocia en su mente la compra de esa cosa con los valores que le asocia el publicista, está todo hecho. 

Tal vez sea muy difícil lograr prestigio y poder, o no te atrevas a vivir aventuras reales, o no sea fácil tener una vida social excitante en tu entorno, pero... si tienes tal modelo de coche, bebes tal refresco o usas tal perfume, ¡¡parece que estás más cerca de lograrlo!!... 

¿Os parece increíble que esto ocurra? Pues ocurre. La prueba es la cantidad enorme de dinero que inviertan las empresas en publicidad.

Para comprobar esto os propongo el siguiente ejercicio. Selecciona alguno de los anuncios que aparecen en el blog y responde a las siguientes preguntas. 1. ¿Qué producto se recomienda consumir? 2. Identifica todos los valores que aparecen asociados, en el anuncio, al producto que se promociona. 3. ¿Crees que esos valores son reconocidos como tales en nuestra cultura? 4. ¿Encuentras alguna relación real entre tales valores y el consumo del producto publicitado?

martes, 4 de junio de 2013

Los valores en la publicidad.

En el fondo es muy fácil decir de qué tratan la moral y la ética. Tratan de lo valioso o bueno. ¿Qué es valioso? ¿Qué vale hacer? ¿Que es bueno? ¿Que es bueno que hagamos? Las cosas, sucesos, ideas, acciones... pueden ser calificadas de valiosas, buenas, importantes. Las cosas pueden ser valiosas en función de otra cosa más valiosa aún (por ejemplo, el dinero es valioso porque así conseguimos alimentarnos, vivir cómodamente, etc.), y en ese caso tienen un valor "relativo". O pueden ser valiosas por sí mismas, en cuyo caso les llamamos valores "absolutos" (por ejemplo, para algunos el valor absoluto es el placer, o la felicidad, para otros el poder, para otros el conocimiento, etc.). Los valores, sean relativos o absolutos, son el elemento fundamental de la moral (los "códigos morales") de las personas. 
Pues bien. ¿Qué valores creéis que están vigentes en nuestra cultura y época? ¿Qué considera la gente como valioso en general?... Una forma de intentar responder a esta pregunta es analizando un fenómeno típico de nuestro tiempo: la publicidad. ¿Por qué? Muy sencillo, la estrategia publicitaria consiste siempre en lo mismo: en asociar el consumo de un producto con algo que la gente considera valioso (por ejemplo, usar tal o cual perfume con el éxito sexual, o tal o cual modelo de coche con el prestigio y el poder, o tal o cual marca de refresco con la aventura o la belleza juvenil, etc.). Si el consumidor asocia en su mente la compra de esa cosa con los valores que le asocia el publicista, está todo hecho. 

Tal vez sea muy difícil lograr prestigio y poder, o no te atrevas a vivir aventuras reales, o no sea fácil tener una vida social excitante en tu entorno, pero... si tienes tal modelo de coche, bebes tal refresco o usas tal perfume, ¡¡parece que estás más cerca de lograrlo!!... 

¿Os parece increíble que esto ocurra? Pues ocurre. La prueba es la cantidad enorme de dinero que inviertan las empresas en publicidad.

Para comprobar esto os propongo el siguiente ejercicio. Selecciona alguno de los anuncios que aparecen en el blog y responde a las siguientes preguntas. 1. ¿Qué producto se recomienda consumir? 2. Identifica todos los valores que aparecen asociados, en el anuncio, al producto que se promociona. 3. ¿Crees que esos valores son reconocidos como tales en nuestra cultura? 4. ¿Encuentras alguna relación real entre tales valores y el consumo del producto publicitado?